Y lo que queda...


Entro en el panel de tareas del blog, se lo debía. En estos últimos meses la gestión que he hecho de mi tiempo ha sido bastante nefasta. Tan pobre que, tras cinco meses de inactividad en el blog, el miedo de la página en blanco me ha vuelto a dar la mano y los cambios en el sector de la formación se han acelerado.

Desde la última vez que me asomé por aquí se han escrito megas y megas en relación a la transformación que está sufriendo la Formación Profesional para el Empleo desde la legendaria publicación, allá por marzo, del Real Decreto 4/2015.

Es algo que se venía anunciando desde hace mucho tiempo pero que muy pocos creían cierto hasta que no se materializase en el BOE.
Desde ese día clave, los movimientos y estrategias para adaptarse a la nueva situación por parte de los diferentes actores involucrados han sido muchos y no todo lo planificados y organizados que se hubiera deseado.
El RDL 4/2015, como marco normativo general, dejaba muchos aspectos pendientes de desarrollo reglamentario. Marcaba unas líneas generales y pecaba, a mi modo de ver, de mucha indefinición en aspectos clave que debían ser de inmediata aplicación.

Homegeneidad en los módulos máximos bonificables cualquiera que fuera el tamaño de la empresa, cofinanciación para empresas de todos los tamaños, nuevo papel de las entidades organizadoras, corresponsabilidad, desaparición de la modalidad a distancia tradicional, la creación del registro estatal de entidades de formación, etc. fueron algunos de los aspectos más novedosos y puede que traumáticos a la hora de adaptar las estrategias de trabajo de las empresas.

El pasado mes de septiembre nació la Ley 30/2015. Esta ley ha incluido las diferentes enmiendas que se aprobaron tras el tortuoso y largo camino de tramitación parlamentaria. No todos anunciados a bombo y platillo, aunque sí a tener en cuenta para no caer en la ilegalidad.

Entre otras cosas, esta ley ha relajado la obligatoriedad de cofinanciar a las micropymes, la duración mínima de las acciones formativas bonificables pasa a ser de dos horas, una relativa pérdida de fuerza de la RLT a la hora de iniciar las acciones formativas, etc.

Mi opinión, tras estar viviendo en primera persona todos estos cambios, es que ha habido cierta precipitación a la hora de la publicación y entrada en vigor de algunos aspectos. Se han exigido requisitos que, en el mejor de los casos, no han contado con el desarrollo reglamentario ni los documentos para poder cumplirlos. La Aplicación Telemática no está a día de hoy adaptada, por ejemplo, a los tipos de costes que se detallan en la nueva normativa. Sólo por poner algunos ejemplos.

Parece que estamos en un bucle infinito donde no se avanza, dando vueltas de un lado a otro con una desorientación fomentada por la forma en la que se ha procedido.

A falta del ya mencionado desarrollo reglamentario, el sector vive en la incertidumbre y en un cierto temor a avanzar en una dirección incorrecta que tenga graves consecuencias a medio plazo.

Y lo que queda... 

Post dedicado a Eugenio. Un abrazo amigo.

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