Sucedió hace más de un año

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Hace más de un año que la formación programada por las empresas dejó de poder impartirse en la modalidad a distancia tradicional. Desde entonces centros de formación, consultoras, empresas y, cómo no, alumnos han trabajado duramente para adaptarse a esta nueva realidad.

Atrás quedó la época en la que los alumnos que realizaban formación a través de sus empresas recibían por correo postal el material de estudio del curso (manuales, carpetas, bolígrafos, CDs...) y enviaban sus evaluaciones periódicas por correo postal, fax y similares. Hoy en día lo habitual es recibir unas claves de acceso y el enlace a una plataforma que contiene un amplio abanico de recursos para completar satisfactoriamente la acción formativa.

Las llamadas telefónicas de los tutores tienden a ser sustituidas por sesiones de chat y otras herramientas de comunicación internas de las plataformas de formación; el alumno tiene la posibilidad de no sentirse "sólo ante el peligro" al poder interactuar de diferentes formas con el resto de alumnos del curso (foros, sesiones de chat, grupos de trabajo...).

Aunque muchos de estos cambios se han acelerado a partir de la entrada en vigor de la Ley 30/215, la realidad es que la transición de la formación a distancia tradicional a teleformación es el paso natural que tarde o temprano se debía producir.

Tras más de un año en este nuevo paradigma seguimos sin contar con un reglamento de desarrollo de la Ley con lo que la incertidumbre continúa siendo nuestra compañera de viaje, aunque no es excusa ni impedimento para sacar mis primeras conclusiones al respecto.

Quizá la podredumbre del sistema fue uno de los motivos principales por lo que el cambio se aceleró, y las prisas nunca son buenas. Dejando a un lado otros aspectos importantes de la Ley que han nacido sin su pan bajo el brazo (cheque de formación, por ejemplo), en cuanto a la formación programada por las empresas creo que:
  • La falta de desarrollo de la norma principal está paralizando muchos proyectos.
  • El limbo de las entidades gestoras, sin todavía un registro público ni unas auditorías que certifiquen lo que se ha notificado por medio de la famosa Declaración Responsable, es una indefensión tanto para las empresas como para las entidades gestoras que sí cumplen con lo que dicen.
  • ¿Será más interesante actuar como asesor externo (oficina técnica) que como entidad gestora?, ¿se regulará esta figura y se incluirá en la corresponsabilidad?
  • La eliminación de la formación a distancia ha perjudicado, aunque menos de lo que se esperaba, a las Pymes y sectores de población no acostumbrados al manejo de TIC's.
  • Ha supuesto un aumento de la formación presencial, no trasladándose toda la formación a distancia que se realizaba a la modalidad online.
  • A pesar de no estar regulados los requisitos de las plataformas, las herramientas nativas de informes y control con las que cuentan la mayoría ayudarán a los técnicos del SEPE a tener una trazabilidad más exacta (evidencias) de la formación realizada.
  • Queda mucho por hacer en cuanto a la cantidad de los contenidos y su verdadera transformación en contenidos dinámicos, interactivos.
Los rumores apuntan a que de un momento a otro podríamos tener novedades sobre la materia. Los borradores a los que he tenido acceso hasta ahora son decepcionantes y no concretan como me gustaría algunos aspectos que considero claves. No obstante, conservo la esperanza de que las versiones definitiva de las futuras normativas nos ayuden a disipar dudas y a trabajar con garantías. Mientras tanto toca seguir luchando por la dignidad del sector.

Sucedió hace más de un año...

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